Antonio Moreno, Estar no estando

ANTONIO MORENO
Estar no estando
Pre-textos, Valencia, 2017
Antonio Moreno (Alicante, 1964) se ha echado al camino para seguir un tramo de la Vía de la Plata y lo ha contado luego en el libro Estar no estando.
El propósito no era otro que caminar. Caminar para ver. Caminar con los sentidos atentos: «No hay alegría como esta de mirar y más cuando las estaciones cambian y uno es consciente de que están cambiando». Caminar para comprender la verdadera medida del hombre: «bajo el cielo nocturno se hace más categórico que es por la eternidad –literalmente- por donde uno anda». Caminar para liberarse de los hábitos: «Nunca como ahora viajar ha pasado a convertirse en un mero trámite, un servicio fijado por la celeridad y la industria». Caminar para volver a los orígenes: «El sedentarismo vino después del andar».  Estar no estando es un libro en el que la prosa respira y acaba contagiando al lector del ritmo con que andan los pies y miran los ojos: «La mejor libertad de un hombre se manifiesta en ese estado de desocupada escucha en el que únicamente le interesa aplicar el oído». También es el libro de un poeta que lleva dos años sin escribir poesía pero tiene muy presentes sus lecturas. Como Matsuo Basho y sus Sendas de Oku: «Para viajar debería bastarnos con el peso de nuestro propio cuerpo». O como las pinceladas de Nerval, Walt Whitman, Stevenson, Schopenhauer, Teresa Pascual, Marco Aurelio, Hesíodo, el Gilgamesh... O como la omnipresencia inspiradora de otro caminador, Azorín, paisano de Moreno. El caminante se refiere a sí mismo como el caminante. Y eligió la Vía de la Plata tal vez porque «Extremadura viene a ser la tierra de nadie. Siempre ha sido la región del retiro». Y describe los pueblos en los que pernocta, los amaneceres y los atardeceres que solo están ahí cuando uno se pone a verlos, el canto de los gallos, lo que casi nunca nos paramos a mirar. También la presencia de quienes, como él, están en el camino. Encuentra sugestiva en todas esas gentes «la delgadez de sus sombras, su escasa identidad. Porque (…) ¿qué saben realmente unos de otros? Muy poco, unas dispersas referencias…». Y sin embargo, siempre se repiten: «Que el camino os conceda lo que buscáis».

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