Luna en el río, haikus de concurso

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Luna en el río
Uno Editorial, Albacete, 2017
Que una facultad de Derecho patrocine uno de los concursos de haikus más reconocidos en castellano quizá no sea un haiku, pero tiene algo de oxímoron. Sin embargo, es real. Y además ha superado la octava edición. Y, por si fuera poco, los haikus premiados se publican con mimo.
Es cierto que se había perdido la costumbre de editarlos, por la consabida crisis. Pero acaban de recuperarse las cinco últimas ediciones en un solo volumen cuya armonía visual encaja con el detallismo que requiere el género. El patrocinio corre a cargo de la Facultad de Derecho de la Universidad de Castilla-La Mancha, aunque de la organización se encarga la AGHA, un curioso acrónimo que resume la Asociación de la Gente del Haiku de Albacete. Los locos del haiku. Es fácil examinar la procedencia de las piezas galardonadas porque en cada una de ellas se hace constar el autor y su lugar de residencia. Así encontramos que en Argentina o en Cuba hay tan finos estilistas del haiku como en Valencia, Galicia, Pamplona, Mallorca o Soria. Está muy extendida la afición a condensar en diecisiete sílabas la percepción de un instante que parece eterno en su sencillez. Hablamos de haikus en castellano que, aunque se aferran al espíritu zen que consolidó el maestro Bashó, incorporan los matices propios de ese universo diferenciado que es cualquier idioma. Hay por supuesto mucha luna («¡La luna roja / indiferentes hablan / dos pescadores», de Adrián Alejandro Gómez o «El agua fresca / Entre los pies desnudos / la luna llena», de Bibiana Varela, ambos desde Argentina). También hay mucha sombra («Sala de espera / La sombra va cubriendo / la bungavilla», de la menorquina Elsa Pascual o «Templo en penumbra / Entre María y Jesús / la telaraña», del albaceteño Francisco Jiménez Carretero»). Y hay animales, sobre todo pequeños, y también almacenes y hogueras y mares («Por donde pasa / la sombra de la nube / qué quieto el mar», del cubano Jorge Braulio Rodríguez o «Marea baja, / un cangrejo no encuentra / cómo volver», del valenciano José Antonio Olmedo). El certamen premia la mejor colección y los mejores haikus, pero es generoso en menciones especiales. Y muy respetuoso con los pequeños detalles, como no podía ser menos en un concurso de haikus.

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