Mientras la luz



Lola Mascarell: Mientras la luz. Ed. Pre-Textos, Valencia, 2013
Hay que aprender continuamente de los maestros: Luis García Montero sentenció hace tiempo que en poesía no existe el genio salvaje, que escribe sin haber tenido contacto ni influencia con otros escritores. Hay que leer mucho, hay que reflexionar mucho y hay que rasgar muchos versos para que alguna vez, no siempre, algún poema cuaje y consiga que gente que no te conoce disfrute leyéndolo.
Entre los no conocen la poesía de cerca pervive el mito de Rimbaud, que a los veinte años había explotado y muerto como poeta, o incluso el de Claudio Rodríguez, que compuso El don de la ebriedad con dieciséis. Pero los genios son excepciones, no reglas. Como cualquier instrumentista, un poeta aprende a dominar su instrumento a base de tocarlo.
Viene a cuento esta reflexión porque Lola Mascarell (Valencia, 1979) es una poeta joven, pero ha sabido madurar este segundo libro con el que obtuvo el premio Emilio Prados. Es profesora de literatura, lleva años colaborando con periódicos y revistas, y durante cuatro ha dirigido el Taller de narrativa de la Universidad Politécnica de Valencia. Aún más que reflexionando y ejercitándose, y teniendo cerca buenos maestros, que los tiene, se aprende intentando enseñar a otros aquello mismo que uno quiere aprender. El resultado es un poemario acabado, en el que se aprecian influencias reconocibles, pero ya reabsorbidas en un estilo propio y en una atmósfera muy personal. De hecho, choca que siendo tan joven predomine lo elegiaco sobre lo dionisiaco.
Al fin y al cabo uno no elige su material de trabajo poético. Muy cerca tiene a Brines, cuyo primer libro, Las brasas, parece escrito por un anciano. Cierto que los poemas de Mascarell nacen dorados por una luz estival, aunque sea luz de atardecer: “Detrás de los cipreses, / septiembre hunde su sol definitivo.” El peso del pasado es importante, es una pérdida que duele: “una vez fui capaz de todo el tiempo / incauta poseedora / de un botín de días infinitos.” Y sigue gravitando sobre el momento actual: “No podrás ver el mar mientras no laves / la sal de aquel verano en tus pestañas.” El clima es reposado, de meditación, pero no faltan momentos donde la juventud se suelta el pelo, como “Motocicleta” o como esta, muy medida, “Poética”: “Cantar sin partitura, hacerse otro, / igual que se hace río sin saberlo, / el aire al deslizarse entre los chopos.” Una poeta a seguir, Lola Mascarell. Y no son muchos los de su edad de los que puedo afirmar lo mismo con convicción. Uno se va haciendo mayor y empieza a inclinarse a la relectura y a arriesgar menos con lo que despunta.

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